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martes, abril 15

Ahora el GIII, se prepara para navegar hacia América del Sur, programa llegar a Rio de Janeiro coincidiendo con el Mundial de Fútbol. el barco será de atracción mundial, con un rico contenido en productos industriales, comerciales en arte, música y deporte.



el hermoso barco que navegó hace 3 siglos y más de Suecia a China. encontrado bajo el mar, fue reconstruído equipado con modernos motores Volvo pero también conserva su antiguo sistema de navegación. cientos de personas participaron en su relanzamiento que de nuevo le llevó de Gotemburgo a los puertos de la China, que se vistió de gala para recibir a las delegaciones de empresarios, artistas, artesanos de Suecia que ofrecieron allí sendas exhibiciones de interaccióncultural. América tomó la foto.

jueves, abril 3

en Chile "ciudadano ejemplar. respetuoso de la norma" en Bolivia "patán, irrespetuoso. torpe y atropellador" Ovidio Roca marca las diferencias. desde fuera desde dentro del mismo transportista

Llama la atención y es alentador, ver a nuestros transportistas cuando ingresan conduciendo a Chile o Brasil; allí los vemos comportarse como unos perfectos ciudadanos; educados, respetuosos de las normas de tránsito, de pesaje, de velocidad, usan cinturón de seguridad, respetan la señalización y al peatón, y aunque no se lo crea es el mismo transportista que en Bolivia hace apenas unos minutos irrespetaba absolutamente todo. La explicación es que en estos países vecinos, por no hablar de Europa, existen normas y se la respeta y no es posible un “arreglo” con el carabinero, ni acudir a la protección política del sindicato.
Durante los últimos años, el angustiante día a día, nos está forjando una cultura de la anarquía, de la anomia; nadie cree en la justicia, las leyes, no respeta a la policía ni a las instituciones. Todo grupo con una mínima capacidad de movilización (ni que hablar de los sindicatos), cuando se siente afectado en sus expectativas, aunque sean ilegales y contrarias al interés público, ni por un instante se les ocurre acudir a la ley, a la justicia, sino que inmediatamente proceden al bloqueo de carreteras, la toma de edificios y predios, a quemar y matar a presuntos ladrones; es decir toman la justicia (su justicia) por mano propia, pues son jueces y verdugos. Y a nadie le preocupa, ni le importa un comino, el perjuicio que causan a la ciudadanía, al productor que tiene el derecho constitucional del libre tránsito y los otros de ser juzgados imparcialmente.
Esta ausencia de institucionalidad, del respeto de las reglas del juego, es el mayor daño causado por el gobierno y esta es la nefasta herencia que dejara el MAS cuando sea apartado del poder. Es la cultura del ch’enko masista, una mezcla de totalitarismo y permisividad. La receta es: palo para los opositores e impunidad para los seguidores; seguidores que lo seguirán siendo en la medida que les permitan continuar con sus negocios ilegales, coca, contrabando, minería cooperativista ecocida, narcotráfico, extorciones.
Es sabido que las normas, las reglas de juego, se cumplen, principalmente: por conveniencia, por temor al castigo y lo ideal, por la internalización de las normas. Lo importante por tanto es avanzar con la buena receta de la zanahoria y el garrote, hacia la internalización de la norma, aprendiendo a acatarla y valorarla como la forma civilizada de convivencia.
Ahora es el momento de un pacto nacional, social y político para recuperar la República y la Democracia; de construir un Estado que no promueva e incite el enfrentamiento y el conflicto, sino más bien contribuya a la unidad de los bolivianos, todos iguales ante la ley.
Rescatada la democracia, la tarea urgente será recuperar las instituciones, realizar una selección meritocrática de todos los servidores públicos, como forma de lograr un verdadero cambio que dará confianza y seguridad a las personas, a la propiedad privada; con esto se recuperará la certidumbre en la inversión y los pleitos y problemas se resolverán no con la violencia y los bloqueos, sino civilizadamente en instancias legales, creíbles y confiables. Así algún día veremos gobernantes y ciudadanos respetuosos con los demás, y no nos maravillaremos, de hasta ver conductores comportándose como si estuvieran en el extranjero.
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sábado, marzo 29

Suecia es un Reino que sabe decir "perdón" y reconocer sus errores históricos. en este caso en contra de los romaníes o "gitanos" que fueron objeto de mal trato por décadas y tenidos por incapacitados para vivir en sociedad. se busca cómo reparar.

Puerta abierta a las demandas


El informe tiene como objetivo «dar reconocimiento a las víctimas y sus familiares, así como crear un entendimiento de la situación de la minoría romaní en la actualidad (...) poniendo de relieve los abusos que han sufrido en un contexto histórico y mostrando cómo los estereotipos y prejuicios se han desarrollado y se han transmitido de generación en generación, y cómo esto ha sido la base de la política gubernamental», ha reconocido el Ejecutivo sueco a través del Ministerio de Trabajo, el encargado de publicar este documento. Para la elaboración de este informe, el Gobierno sueco se basó en entrevistas, material de archivo, informes de investigación, documentación y compilaciones de documentos y publicaciones oficiales.

En el informe también se indica que el Gobierno sueco trató a la comunidad gitana y sus integrantes como «incapacitados sociales». Suecia acepta el trato vejatorio y quiere saldar su error con los gitanos después de un siglo de abusos, que comenzaron alrededor de 1900: «Mejorar la convivencia en el presente», alega ahora el Ejecutivo deFredrik Reinfeldt.
Asimismo, el ministro de Integración, Erik Ullenhag, dijo de ese trato racista y discriminatorio del Estado que ha sido «un periodo oscuro y vergonzoso de la historia sueca».
Suecia es un país de unos nueve millones y medio de habitantes y en la actualidad viven en torno a 50.000 gitanos. De momento, las autoridades no contemplan la compensación económica para indemnizar a los familiares de las víctimas de abusos, aunque el Libro Blanco sí abre la puerta a las demandas particulares o conjuntas que quieran interponer miembros afectados de este colectivo tratado de forma inhumana.

sábado, marzo 1

tres nombres: Leonore, Maria, Lilian ha recibido. horas más tarde en una presentación de prensa, Carlos XVI Gustavo anunció su título "Duquesa de Gotland" la isla mayor de Suecia, tradicionalmente monárquica. todos felices con la bebita

Nu har vi även fått in den första bilden på prinsessan Leonore.
Här vi den första närbilden på den lilla sessan…
På hovets hemsida har man nu lagt ut de första bilderna på den lilla prinsessan Leonore, prinsessan Madeleines och Chris O’Neills dotter.
Vid konseljen informerade Kungen att prinsessan ska heta Leonore Lilian Maria, med tilltalsnamnet Leonore. Prinsessan tilldelas Hertiginnedömet Gotland.

Av Agneta Nisbeth
Foto: Christopher O’Neill på översta bilden. Prinsessan Madeleine har tagit bilden på sina föräldrar med prinsessan Leonore.
Madeleine tomó esta fotito de sus padres, con Leonore en brazos de Silvia en Nueva York

sábado, febrero 15

oro para Suecia en Rusia. 4 chicas del equipo de squí a postas, ganaron medallas de oro para Suecia, lo que hizo vibrar de emoción al Reino, los Reyes están ya en Sochi. Radio Suecia

”Charlotte Kalla – incredible today!” Så löd en snabb tweet från tjeckiske stjärnan Lukas Bauer.
De fyra i det svenska laget syns, galet glada, på den stora bilden i skidartikeln i franska L’Equipe, trots att Frankrikes egen kvartett åkte in på en för deras del historiskt bra fjärdeplats.
Och Drottning Silvia sa, på plats i målområdet, enligt Aftonbladet: ”Jag är döv – Kungen har skrikit”.
Simon Bank, krönikör på Aftonbladet, skriver bland annat: 


”Guld går att glömma, men en svindel som den här släpper aldrig. Ganska snabbt vaknade vi upp till en skidvärld som bytt ansikte. En värld där Ida Ingemarsdotter lägger meter bak till Heidi Weng, där Kikkan Randall går in i väggen, där en vidunderlig Emma Wikén kan katapultkrossa självaste Therese Johaug. Den här kvinnan är, en naturresurs och nationalklenod och förebild på fler sätt än de som ryms på skidor.”
Tomas Pettersson krönikerar i Expressen: ”Vad var det egentligen vi nyss fick se? Den största sensationen i detta olympiska vinterspel. Och det var Sverige som gjorde det. Herregud! …Vi kommer att prata om det här loppet i åratal.”
På radio- och tv-bolaget Yles hemsida har deras skidexpert Glenn Lindholm bloggat, bland annat enligt följande.
”Idag sken damskidåkare från tre nationer ikapp med solen vid Laura skidstadion.
I den jämna kampen gick segern till Sverige, kungarikets första stafettseger sedan år 1960 i Squaw Valley.
Finland har senast varit så här bra och fått silver i damstafett vid OS i Innsbruck 1976.”
Klicka på länken och lyssna på hur det lät just i finlandsvensk radio (YLE) denna lördag vid lunchtid. Referenter är Leif Lampenius och Glenn Lindholm.

domingo, febrero 9

fueron los jesuítas que llamaron "chiquitos" a los pobladores del Oriente, porque las puertas de sus casas eran muy pequeñas...Mario Vargas con ese encantador estilo, nos habla de Chiquitos, de la Música del tiempo de misiones

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos.
El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a finales de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos misioneros nunca pudieron imaginar la manera cómo los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen.
Esto ha sido para mí lo más sorprendente en este recorrido de pocos días por la vasta región que separa la ciudad de Santa Cruz de la frontera brasileña: descubrir que aquí, a diferencia de otros lugares de América donde florecían importantes culturas aborígenes, los 76 años de evangelización -hasta 1767, cuando la expulsión de los jesuitas- habían dejado una huella muy profunda, que seguía fecundando de manera visible a aquellas comunidades a las que los antiguos misioneros ayudaron a integrarse, a defenderse de las incursiones de los “bandeirantes” paulistas que venían a cazar esclavos, y a modernizar y enriquecer, con aportes occidentales, sus costumbres, sus creencias, su arte y, sobre todo, su música.
A partir de 1972 comenzó la rehabilitación de los templos de Concepción, San Javier, San Ignacio, Santa Ana, Santiago y San José –son los que visité pero entiendo que hay otros- con sus preciosos retablos barrocos, sus gallardos campanarios, sus tallas, frescos y enormes columnas de madera, sus órganos y sus recargados púlpitos. La labor que llevaron a cabo el arquitecto suizo Hans Roth, quien dedicaría treinta años de su vida a esta tarea, y sus colaboradores, ha sido extraordinaria. Las iglesias, bellas, sencillas y elegantes no son museos, testimonios de un pasado escindido para siempre del presente, sino pruebas palpables de que, en la Chiquitania, aquella antigua historia sigue vivificando el presente.
No solo la música que venía de allende los ríos y los mares impregnó y pasó a ser parte indivisible de la cultura chiquitana; también el cristianismo llegó a constituir la esencia de una espiritualidad que en todos estos siglos se ha conservado y ha sido el aglutinante primordial de unas comunidades que manifiestan su fe volcándose masivamente a todos los oficios, con sus caciques, cabildos y “mamas” al frente, bailando, cantando (¡a veces en latín!) y cuidando los lugares y objetos de culto con celo infatigable. A diferencia de lo que ocurre en el resto de América Latina y el mundo, donde la religión parece ocupar cada vez menos la vida de la gente y el laicismo avanza incontenible, aquí sigue presidiendo la vida y es, como en la Europa medieval, el medioambiente en el que los seres humanos nacen, viven y mueren. Pero sería injusto considerar que esto ha mantenido a los chiquitanos detenidos en el tiempo; la modernidad está también en estas aldeas, por doquier: en los colegios, en sus talleres, artesanías, las técnicas para trabajar la tierra, la radio, la televisión, los celulares e internet. Y principalmente en la destreza con niños y jóvenes aprenden en las escuelas de música locales a tocar el contrabajo, la guitarra o el violín, tan bien como la tambora y la flauta tradicionales.
En los años en que el arquitecto Hans Roth trabajó aquí fue encontrando más de 5.000 partituras de música barroca que, luego de la expulsión de los jesuitas, los chiquitanos preservaron en polvorientos arcones o cajas que languidecían entre las ruinas en que se convirtieron sus iglesias. Todo ese riquísimo acervo está ahora, clasificado, digitalizado y defendido con aire acondicionado en el Archivo de Concepción, donde, desde hace muchos años, un religioso polaco, el padre Piotr Nawrot, los estudia y publica en volúmenes cuidadosamente anotados que son, al mismo tiempo, una minuciosa relación de la manera cómo la música barroca arraigó en la cultura chiquitana. Las melodías y composiciones que contenían aquellas partituras venidas del fondo de los siglos se escuchan ahora en todas las aldeas de la región, interpretadas por orquestas y coros de niños, jóvenes y adultos que las tocan y entonan con la misma desenvoltura con que bailan sus danzas ancestrales, añadiéndoles una convicción y una alegría emocionantes.
Creyentes o agnósticos sienten un extraño e intenso cosquilleo en el cuerpo cuando, en las estrelladas y cálidas noches de la selva cruceña, donde todavía quedan jaguares, pumas, caimanes y serpientes, advierten que Vivaldi, Corelli, Bach, Chaikovsky, además de italianos, alemanes o rusos, también son chiquitanos, pues las grandes creaciones artísticas no tienen nacionalidad, pertenecen a quien la ama, las adopta y expresa a través de ellas sus sufrimientos, anhelos y alegrías. Varios de estos jóvenes han obtenido becas y estudian ahora en Buenos Aires, Madrid, París, Viena, Berlín.
Hay una abundante bibliografía sobre las misiones jesuíticas en Bolivia, donde, parece evidente, el esfuerzo misionero fue mucho más hondo y duradero que en Paraguay o Brasil. Para comprobarlo nada mejor que el libro de Mariano Baptista Gumucio, Las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos. Una utopía cristiana en el oriente boliviano. Es un resumen bien documentado y mejor escrito de esta extraordinaria aventura: cómo, en un rincón de Sudamérica, el encuentro entre los europeos y habitantes prehispánicos, en vez de caracterizarse por la violencia y la crueldad, sirvió para atenuar las duras servidumbres de que estaba hecha allí la vida, para humanizarla y dotar a la cultura más débil de ideas, formas, técnicas, creencias, que la robustecieron a la vez que modernizaron.
Baptista Gumucio no es ingenuo y señala con claridad los aspectos discutibles e intolerables del régimen que los jesuitas impusieron en las reducciones donde la vida cotidiana transcurría dentro de un sistema rígido, en el que el indígena era tratado como menor de edad. Pero señala que ese sistema, comparado con el que reinaba en los Andes, donde los indígenas morían como moscas en las minas, o en Brasil, donde los indígenas raptados por los bandeirantes eran vendidos como esclavos, era infinitamente menos injusto y al menos permitía la supervivencia de los individuos y de sus culturas. Una de las disposiciones más fecundas, en las misiones, fue la obligación impuesta a los misioneros de aprender las lenguas nativas para evangelizar a los aborígenes. De esta manera nació el chiquitano, pues, antes, las tribus de la zona hablaban dialectos diferentes y apenas podían comunicarse entre ellas.
Ningún país que, como muchos latinoamericanos, tiene en su seno culturas distintas, una moderna, poderosa y occidentalizada, y otra u otras más primitivas, ha sido capaz de establecer un modelo que permita a estas últimas desarrollarse y modernizarse sin perder los rasgos que la constituyen: sus costumbres, sus creencias, sus lenguas, sus mitos. En todos los casos –los más flagrantes son los de Estados Unidos, Japón y la India- el desarrollo ha significado la absorción –y a veces la extinción- de la más débil por la más poderosa, la occidental. Desde luego que hay una injusticia terrible en estos procesos; pero ninguna sociedad ha sido capaz todavía de establecer un sistema en el que una cultura pequeña y antigua puede acceder a la modernidad sin renunciar a esa suma de factores materiales y espirituales que la definen y diferencian de las otras.
En América Latina, donde el problema se vive dramáticamente por lo menos en media docena de países, tenemos la obligación de encontrar un modelo en el que aquel acto de justicia sea posible en términos prácticos. ¿Dónde buscar ejemplos que nos orienten? En las aldeas chiquitanas hay enseñanzas provechosas para quienes quieren ver y oír. Las mujeres y los hombres de esta tierra no han perdido eso que se llama la ‘identidad’, tienen vivo su idioma, sus danzas, sus atuendos; y sus costumbres y creencias han ido evolucionando de modo que pueden participar de las oportunidades de la vida moderna, sin dejar de ser lo que fueron, lo que siguen siendo en ese marco multicultural que son Bolivia y todos los pueblos andinos. Visitar la Chiquitania muestra a los visitantes que Beethoven y los taquiraris, o la silueta del jaguar y los arpegios de una cítara, pueden entenderse, coexistir y transubstanciarse. Eso han hecho los chiquitanos y por eso hay que aplaudirlos e imitarlos.